Infancia, Dictadura y gatos
Infancia, dictadura y gatos
Infancias en dictadura
Que se llenó de recuerdos
En la precariedad sostenida
Que recién hoy, a la vuelta del siglo
Reconozco las raspaduras
De esta, mi infancia en dictadura
Sostenida baja la luz de los postes de la calle
Tocatas de cacerola
Y la solidaridad de mi barrio
En las ensaladas de cebolla
Y el causeo celebrado de la cena
De la marraqueta con aceite y el queso rallado
Respirando esa tensa precariedad:
Del dividendo, la salud, de la casa
De la comida y el trabajo
Sintiendo, sin entender
Los altibajos
Del destino que sembraron en mi
Una profunda necesidad
De superación,
De esfuerzo
De coger la pala,
De surcar la tierra
Hasta encontrar la vendimia
De cocrear la vida
Esta infancia en dictadura,
Tan llena de discurso facho
Acerca del pobre flojo (sin contexto)
Tan llena de censura religiosa
Y pacata religiosidad cartucha
Repleta de ritos, repetitivos, fomes
Que tan sólo nos salvaba el canto
Esta infancia en dictadura
Llena de discursos contrapuestos
De amistades añoradas y juegos que cantaban
Los prejuicios aprendidos
De homofobia, racismo y clasismo
Tan adoctrinante en la autosuficiencia
En el menosprecio a la diferencia
A la polarización de los “buenos”
Defendiendo a rajatabla,
su superior perspectiva
Forjada a punta de bala, tortura
Quema de ideas,
violencia, violencia sexual
Desaparición y exterminio
¿Tanto miedo les generábamos como pueblo,
Pobre de zapatos rotos?
Tanto miedo, como para llenarnos la cabeza de sirenas
Sobrevolando, nuestras casas, y con sus toques de queda.
1975-1990
Ahí, en el hilo de la historia chilena
Se forja nuestra infancia en dictadura
En una violencia dada
Como música de fondo siniestra
En ese tiempo, corrían nuestro petardos
y estrellitas, carretones, rondas y escondidas,
manguerazos pa’ capear los veranos
En Santiago, sin vacaciones,
Mientras vendíamos los cubos de agua y de leche
Las cunetas, las bolitas y los bolones,
Los dulces de media hora.
En esta infancia en dictadura,
Podíamos jugar en mi calle,
Aunque fuéramos de bandos contrarios
Parecía que el destino se jugaba travieso
Cuando como niñes cruzábamos los pórticos
Y tomábamos once, en el bando contrario,
Al margen del manto de silencio y miedo
Que querían montarnos
Y así, entendíamos poco a poco,
Esas visiones del mundo tan distinto,
tan ajeno y tan cercano.
Y en esta infancia en dictadura
De precaria rudeza cotidiana
Si algo sostuvo esa precariedad
Fueros mis gatos, que llenaban de afecto y alergia
La cotidiana presencia de mi niña callejera.
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